A orillas de la desembocadura del río Nilahue, en la región de O’Higgins, se encuentra un rincón donde el sol, el mar y la historia se entrelazan: las Salinas de Cáhuil. Este pequeño pero emblemático sector costero es testigo de una tradición ancestral que ha dado identidad, sustento y orgullo a generaciones de familias: la extracción artesanal de sal de mar.
Un oficio heredado de generaciones
Desde tiempos antiguos, la producción de sal en Cáhuil ha sido una actividad profundamente ligada a la vida familiar y comunitaria. Aunque no se conoce una fecha exacta de su origen, se sabe que el oficio se transmite de generación en generación, convirtiéndose en parte fundamental del patrimonio local. A través del trabajo manual y el respeto por los ciclos naturales, los salineros han conservado técnicas que sobreviven prácticamente intactas hasta el día de hoy.

Las salinas de Cáhuil funcionan principalmente gracias a la evaporación solar del agua de mar, la cual se canaliza cuidadosamente hacia piscinas poco profundas llamadas «cuarteles». Allí, durante semanas, el sol hace su trabajo hasta que se forma una capa blanca de sal, que luego se recoge manualmente con herramientas artesanales de madera, como palas y rastrillos.
Si bien se han incorporado algunos elementos modernos, como motobombas para facilitar el desagüe de los cuarteles, el corazón del proceso sigue siendo el mismo de siempre: esfuerzo humano, sol y mar.
Aquí uno aprende desde niño, viendo a los abuelos mover la sal con sus palas de madera. No es solo trabajo, es parte de quiénes somos.
La extracción de sal no es solo un trabajo en Cáhuil, es una forma de vida. Muchas familias del sector han crecido entre los cuarteles de sal, aprendiendo desde pequeños el arte de la cosecha y el respeto por la tierra. Hoy en día, solo unas 7 familias continúan activamente con esta tradición, muchas de ellas subsistiendo más por el valor turístico y cultural del oficio que por su rentabilidad comercial.
Una tradición en peligro
A pesar de su riqueza cultural y valor histórico, la producción de sal artesanal enfrenta serias amenazas. La competencia de sales industriales, los altos costos de producción y la falta de apoyo sostenido han llevado al abandono de muchas salinas. Esta realidad motivó que la actividad fuera declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile, y que los salineros fueran reconocidos como Tesoros Humanos Vivos, en un intento por preservar esta herencia única.


El Día del Salinero: una fiesta de identidad
Cada año, a fines de febrero, Cáhuil celebra el Día del Salinero, una fiesta que rinde homenaje a los trabajadores de esta noble tradición. Es una jornada de encuentro, música, comidas típicas y orgullo comunitario, donde se reconoce el esfuerzo de quienes mantienen viva esta práctica ancestral, y se invita a las nuevas generaciones a conocer y valorar el legado de sus mayores.
